lunes, 25 de julio de 2011

Estilo español versus estilo italiano

Una de las visiones que más distorsionan la historia de la música española es la que interpreta la música de comienzos del siglo XVIII como la relación (a veces amistosa, a veces polémica) entre el “estilo español” y el “estilo italiano”. Finalmente ganaría este último estilo, cosa que lamentarían los musicólogos “nacionalistas” del siglo XIX (Soriano Fuertes, Barbieri, Pedrell), o celebrarían los musicólogos llamados "europeístas" o "internacionalistas". Para los primeros musicólogos la "italianización" de la música española significaría su decadencia, para los musicólogos "internacionalistas", en la italianización de la música reside su progreso.

Es sorprendente cómo una visión tan metafísica (y vinculada con el "Volkgeist") sigue aún vigente. No es raro encontrar programas de concierto que se plantean mostrar la progresiva italianización de la música española de Durón a Nebra, pasando por Literes o Torres.

En más de una ocasión hemos sostenido que si se puede hablar de “música española” no se debe principalmente a que haya unas características musicales exclusivamente españolas, emanadas de esa sustancia que es la cultura española. Música española sería música hecha en, desde y para las instituciones de una sociedad política que es España, lo que implica que a veces haya características musicales propias. La articulación del Imperio español en ciudades cuyo centro es la catedral tiene implicaciones musicales muy importantes, como puede apreciar cualquiera que haya estudiado los archivos catedralicios.

Frente a este enfoque “esencialista” (estilo español versus estilo italiano), se ajusta más a la historia de la música un enfoque “genético”, similar al de Darwin introdujo en el campo de la biología. Los compositores tienen en cuenta otras obras al hacer las suyas, por lo que puede decirse que unas obras generan otras obras. Hablar de “estilo español” en general es un absurdo, porque da a entender que previamente existe un estilo español que se concreta en las más diversas obras, esto es, que todas las obras musicales españolas "tienen en común" ese estilo español. En realidad, lo que se da no es ese estilo común subyacente, sino diversos estilos coexistiendo simultáneamente. Ante este fenómeno indiscutible, lo que hace la musicología es introducir un principio opuesto al "estilo español", y este principio sería el "estilo italiano". La música española del siglo XVIII, en su variedad, se explicaría por la relación (y lucha, dada su incompatibilidad) entre dos estilos. Una obra concreta dada se explicaría por el porcentaje de estilo que refleja (es española o italiana, o bien es más o menos española o más o menos italiana).

Como hemos apuntado, a la hora de explicar la obra de un autor es importante tener en cuenta las obras que pudo conocer, analizar e inspirarse, así como las obras que rechazó y evitó. Por eso no tiene sentido hablar de un mismo “estilo italiano” infiltrándose y conquistando la música española. Durón conoció posiblemente la obra de algunos autores italianos anteriores a Alessandro Scarlatti y quizá la obra del propio Scarlatti en sus últimos años. Torres conoció la obra de autores ya nacidos entre 1670-1690. Y Nebra conoció con seguridad la obra de Vinci o Hasse. Claramente las obras de Hasse y Scarlatti no pueden reducirse a un mismo estilo, aunque la música de Scarlatti influyera en la música italiana posterior.

Abandonando el dualismo de estilo español-estilo italiano, la música española de 1700 a 1730 podría explicarse mejor según el siguiente esquema:

a) obras inspiradas fielmente en la música española anterior a 1700 y que evitan las sucesivas oleadas de la música italiana (la generación de 1660 de Scarlatti, la generación 1670-1680, la generación 1690-1700).

b) obras inspiradas en la música española anterior a 1700 y que evitan las sucesivas oleadas de la música española. A diferencia de las anteriores, estas obras no se inspiran en las obras españolas anteriores con respetuosa fidelidad, sino que suponen un desarrollo a partir de ellas. En este apartado se puede encuadrar la mayoría de la obra de José Español o Blas Tardío de Guzmán.

c) autores que “yuxtaponen” en las obras secciones que se inspiran en la música española anterior a 1700 y secciones que se inspiran en alguna de las sucesivas oleadas de la música italiana. Así ocurre con las obras de la década de 1730 de Francisco Hernández Illana, en las que yuxtapone arias al estilo de Vinci con secciones que recuerdan al Durón temprano.

d) música que podríamos llamar “mixta”, y que es una especie de cajón de sastre. Junto a giros y técnicas inspiradas en la música española anterior a 1700 (por ejemplo, proporción menor, hemiolias, modos) emplean otros giros y técnicas inspiradas en las oleadas de la música italiana (normalmente en la primera y segunda). Así, la mayoría de las obras de Francisco Valls.

e) autores que se inspiran en alguna de las oleadas de la música italiana y que evitan la música española anterior a 1700. Por ejemplo, la música de José de Torres de 1720 y 1730.

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