corred, volad, Zagales,
que se nos va María por los aires!
¡Corred, corred, volad aprisa, aprisa,
que nos lleva robadas las almas y las vidas,
y llevando en sí misma nuestra riqueza
no deja sin tesoros el Aldea!
El blog de Ars Hispana
Un lamento-invocación es, por un lado, una invocación (a los dioses, a los elementos de la naturaleza, al universo – cielo y tierra -, etc.) y, por otro lado, es un lamento que busca conmover simpatéticamente a las entidades que invoca. Louise K. Stein en Songs of mortals, dialogues of Gods ya identificó la estructura musical de estos lamentos-invocación en la música de Juan Hidalgo. Como los personajes que cantan estos lamentos buscan conmover simpatéticamente al cosmos a través de la armonía de su canto, los medios para conseguirlo son un ritmo ternario (proporción menor), ya que el ternario se consideraba un tiempo “perfecto”, y una armonía basada en una cascada de quintas, en cuanto la quinta se consideraba un intervalo “perfecto”. Mediante un círculo de quintas, además, se recorría diversos modos, no dejaba “fibra” sin tocar. A través del ritmo y armonía perfectos, el personaje simpatiza con el universo y consigue conmoverlo, sintonizarlo con su lamento.
En Coronis encontramos dos lamentos-invocación, en forma de arias da capo, uno cantado en la primera jornada y otro cantado en la segunda jornada. El primero (“Dioses piedad, cielos favor”) lo canta Coronis tras ser amenazada por el monstruo Tritón, que ha sido enviado por Neptuno para secuestrar a la ninfa. Al creer que va a morir, canta su lamento dirigido a los “dioses” y a los “cielos” a fin de que se conmuevan de ella y la salven. Se trata de un lamento muy intenso y que resultará sumamente eficaz, ya que logrará ablandar primero al monstruo Tritón, que desistirá de su violencia, y finalmente hará que el “Cielo” castigue a Tritón, que morirá en la segunda jornada atravesado por las flechas de Apolo. Como lamento, el aria de Coronis está plagada de cromatismos muy audaces (audaces incluso para Durón) y de retardos que provocan continuas disonancias. Y como invocación, está escrita en proporción menor y sigue un plan armónico basado en los círculos de quintas, como puede apreciarse:

El segundo lamento lo canta Tritón. Se trata de un aria da capo para dos flautas, que han de ser traveseras (ya que bajan hasta un Mi), siendo el primer ejemplo que conozco de un aria con flautas traveseras en el teatro hispánico. Tritón canta este lamento-invocación justo antes de morir. Tritón es el personaje más original de la zarzuela Coronis, ya que consiste en una intersección de los papeles tradicionales de Galán y de Monstruo. Es habitual en las zarzuelas mitológicas que haya uno o dos galanes (normalmente un príncipe y/o un pastor). También es habitual que haya un Monstruo que provoque que los habitantes de la región acudan a los dioses para que les liberen de él. En Coronis Tritón es a la vez Monstruo fiero y Galán enamorado. De hecho, en esta zarzuela no hay propiamente un Galán y el único personaje que se acerca a este papel es el Monstruo. Tritón protagoniza tanto escenas de galanteo como escenas violentas y amenazantes. Tras declararle su amor a Coronis, amenaza con matarla en la primera jornada, ocasión que provoca el lamento-invocación de la ninfa, como hemos visto. Y en la segunda jornada, tras salvar la vida a Coronis como galán, vuelve a amenazarla por segunda vez, siendo herido mortalmente entonces por Apolo. El comportamiento amoroso de Tritón humaniza, en cierto modo, al monstruo. Él mismo es consciente de este cambio y llega a decir a la ninfa: “Atiende a mis ansias, / escucha mis ruegos, / verás si de fiera / humana parezco”. Sin embargo, su comportamiento galante no llega a eliminar del todo su naturaleza monstruosa, como hemos visto.
Esta intersección de Galán y Monstruo queda muy bien reflejada en el lamento-invocación. Por un lado, como Galán, Tritón canta su lamento pretendiendo conmover al universo. Un Galán como él, que incluso ha llegado a salvar la vida a su amada, merece la piedad y empatía de los “cielos”, de los “prados y flores”. Durón emplea los recursos típicos del lamento (principalmente retardos) y de la invocación (proporción menor y círculo de quintas), como puede apreciarse en el siguiente fragmento:

Sin embargo, se trata de un lamento muchísimo menos intenso que el de Coronis, menos conmovedor, principalmente debido a que no hay cromatismo. Se trata, en realidad, de un lamento de un ser que no posee alma (en un lugar de la zarzuela, Tritón dice a Coronis: “A dónde, fugitivo / imán de mis deseos, / me llevas toda el alma / que sabes que no tengo”), que no llega a humanizarse plenamente a pesar de asumir el papel de Galán. Por tanto, se trata de una invocación mucho menos efectiva que la de Coronis: a ésta Apolo la llega a salvar, mientras que Tritón muere definitivamente y todo el mundo lo celebra.
El lamento de Tritón puede escucharse (en formato MIDI) aquí.
La publicación de José de Torres, Obras a solo y a dúo en la Imprenta de Música me da pie a reflexionar sobre la llamada “cantada española”. Se suele decir que la “cantada española” es un género “propio y distinto” de la cantada italiana. Ésta última se basa en el par Recitado-Aria, siendo su forma más habitual R-A-R-A (otras formas comunes son A-R-A, o R-A-R-A-R). La cantada española consistiría en un “Estribillo” o “Introducción”, seguido de recitados y arias más unas coplas (o un Minué) y un “Grave” final. La forma típica de una cantada española sería, pues:
Estribillo (o Introducción) – R – A – Coplas (o Minué) – Grave final
No se ha estudiado en realidad la procedencia de esta forma. Juan José Carreras ha sugerido que el Grave final procede de los lamentos teatrales, tesis que yo no veo nada clara y está por demostrar, dando ejemplos concretos. Hay elementos, como el Minué, que no son tan propios como parece, encontrándose también en cantatas de autores italianos. Así, por ejemplo, la cantata atribuida a Alessandro Scarlatti Bella madre dei fiori acaba con un Minué seguido además de un airoso grave final.
En este post quisiera advertir que el adjetivo “española” está mal aplicado, porque la cantada con Estribillo al comienzo y Coplas y Grave al final no es la cantada de España, sino la forma empleada en la corte madrileña y durante una época muy limitada (ca. 1705-1720).
El manuscrito Pombalino, conservado en la Biblioteca Nacional de Lisboa, nos ofrece un testimonio de la forma de la cantada en español en torno a 1705-1710. Ahí se recogen las primeras cantadas escritas en español: dos de Sebastián Durón (anteriores a 1706, por tanto), una de Pedro Rabassa y varias de autores activos en Lisboa (Jaime de la Te y Sagau, André da Costa). Solo las dos cantadas de Durón se ajustan al modelo de la llamada “cantada española”. La de Pedro Rabassa tiene la forma R-A-R-A, y esta es la forma que tienen otras cantadas humanas de Rabassa conservadas, por lo que puede afirmarse que en Barcelona no se usaba el grave final ni los otros elementos de la cantada de la corte. Y las cantadas de Jaime de la Te y Sagau y otros compositores lisboetas no parecen atenerse a formas fijas, constando de arias, recitados, coplas y otras secciones sin determinar, en un orden muy variable, y no presentan grave final.
La forma, por tanto, de Estribillo – R – A – Coplas (Minué) – Grave final deriva de la corte madrileña y fue cristalizada posiblemente por Durón a comienzos del siglo XVIII. Esta forma fue adoptada pronto por José de Torres y Antonio Literes y otros compositores activos en la corte. Precisamente a partir de aquí se difundió a otros ámbitos. En este sentido la tarea de la Imprenta de Música de José de Torres es fundamental. Los autores publicados por José de Torres estaban todos activos en la corte, no publicaba obras de maestros de capilla no activos en Madrid. Fundamentalmente la Imprenta de Música publicó obras de Torres y de Literes, y también de Durón, Navas, Matías Veana, Serqueira, etc. Estos impresos se difundieron por todo el territorio hispánico, ya que eran baratos, fáciles de interpretar y estaban “a la moda”. Muchas cantadas también se difundirían de modo manuscrito, sobre todo las de voz y continuo, ya que muchas de las cantadas interpretadas en la Real Capilla exigen una plantilla demasiado numerosa para ser ejecutadas en las capillas catedralicias.
José de Torres y Antonio Literes en los años 20 y 30 componían ya sus cantadas en la forma R-A-R-A (o A-R-A), como puede verse en las cantadas de 1722 y 1729 José de Torres impresas en el volumen citado. José de Nebra, cuyas cantadas conservadas son en su mayoría también de los años 20 y 30 (como podrá apreciarse en la próxima edición de Ars Hispana, dedicada a las cantadas de Nebra), emplea siempre la forma R-A-R-A. En cambio en algunas capillas catedralicias se seguirá empleando la forma antigua de la cantada, como puede apreciarse en las cantadas de Juan Manuel de la Puente, compuestas durante los años 20 y aún con Coplas-Minué y Grave final. En los años 30 y 40 desapareció completamente esta forma de la cantada y se irá adoptando la forma más simple de recitado seguido de aria, posiblemente debido a la mayor longitud que fue adquiriendo el aria.
P.D.: Se pueden escuchar las dos cantadas de Torres de 1722 y 1729 que ya no tienen Minué o Coplas ni grave final AQUÍ