sábado, 23 de abril de 2011

El padre Feijoo y la Imprenta de Música de José de Torres

En la introducción de las Obras a solo y a dúo de la Imprenta de Música de José de Torres ya señalaba yo en la introducción cómo Torres buscaba que las obras impresas estuviesen "a la moda" (publicando sobre todo cantadas y solo a autores de la corte). Su mercado era principalmente las capillas de música "de provincias" y también de ultramar (las cantadas publicadas en ese volumen se encuentran en Guatemala), proporcionándoles obras musicales baratas y de pequeño formato, aunque "modernas" según los estándares de la época.

Feijoo, en su conocido discurso Música de los Templos, escrito en 1726, momento en que la Imprenta de Música de José de Torres estaba plenamente activa, parece aludir a esta actividad impresora del maestro de capilla de la Corte madrileña en el siguiente párrafo:

"¿Cómo se hallarán en cada Provincia, mucho menos en cada Catedral, Instrumentistas, ni Cantores, que guarden exactamente, así el tiempo, como la entonación de estas figuras menudísimas, añadiéndose muchas veces a ésta dificultad, la de muchos altos extravagantes, que también son de la moda? Semejante solfa pide en la garganta una destreza, y volubilidad prodigiosa, y en la mano una agilidad, y tino admirable: y así, en caso de componerse así, había de ser solamente para uno, u otro ejecutor singularísimo, que hubiese en ésta, o aquella Corte; pero no darse a la Imprenta para que ande rodando por las Provincias; porque el mismo Cantor, que con una solfa natural, y fácil agrada a los oyentes, los descalabra con esas composiciones difíciles: y en las mismas manos, en que una sonata de fácil ejecución suena con suavidad, y dulzura, la que es de arduo manejo, sólo parece greguería".

Feijoo se queja de que anden impresas obras (sobre todo cantadas) con abundancia de figuras pequeñas (semicorcheas o fusas). Esto hace que sean muy difíciles de cantar y de tocar para los músicos de las capillas de provincia, aunque puedan sonar bien al ser interpretadas por los excelentes músicos de la corte madrileña. Estas obras mal ejecutadas más que mover a la devoción (que es a lo que debe aspirar la música religiosa), resultan desagradables, ásperas, absurdas ("greguería"). Más valdría, dice Feijoo criticando veladamente la labor de José de Torres, que se imprimiesen obras fáciles que, en manos de cualquier músico, sonasen con suavidad y dulzura.

El mismo año que publicó Feijóo su discurso Música de los templos, se imprimió una contestación detallada, en forma de diálogo, de todas las tesis mantenidas en dicho discurso. Este impreso se titula Diálogo harmónico sobre Teatro Crítico Universal: en Defensa de la Musica de los Templos. Aparece como autor del impreso Eustaquio Cerbellón, "músico de la Real Capilla de su Majestad". Sospecho que detrás del tal Eustaquio Cerbellón se esconde un músico más importante, quizás el propio José de Torres, por muchos detalles que aparecen en el texto. Este diálogo critica en concreto la postura de Feijóo acerca de la impresión de música de obras modernas difíciles (como hacía José de Torres en su Imprenta de Música, la única existente entonces en España). Lo hace por boca de uno de los personajes del diálogo, Niciato, en la página 50:

" Lo que más me agrada es aquello de que las tales obras se pongan en la Imprenta, donde cualquiera las pueda comprar y remitir donde gustase; lo cual me parece una objeción ridícula, porque a ninguno se le precisa que las compre. Además, que si eso es delito, prívesele al Librero el que tenga libros de diversos idiomas y facultades, porque no sirven igualmente a todos. Pero si el proferir semejante proposición se tendría generalmente por disparate, pues cada uno compra lo que le conviene, ¿por dónde será delito en la Música (habiendo la misma libertad en el que compra) el que se impriman y vendan todo género de composiciones? Y lo mismo digo a la objeción de que muchos cantores e instrumentistas, que en cosas fáciles parecen bien, descalabran a los oyentes con las difíciles, pues ¿quién le mete en querer volar al que escasamente sabe correr? Cada uno se vista según su estatura, que el vestido no parece mal por ser grande o pequeño, sino por quererse poner el vestido que se hizo para un gigante el que solo nació para pigmeo"

Esto es, el músico ha de conocer cuáles son sus limitaciones y posibilidades, y conforme a ellas debe comprar las obras de Música. Si hay alguna culpa, sería del músico y no del Impresor, por comprar obras que no puede ejecutar correctamente. Al igual que no se prohíben ni se consideran dañinos los libros difíciles de entender salvo por especialistas (los escritos en otros idiomas o los libros de facultades, dice Niciato), tampoco serían dañinas las obras musicales difíciles de interpretar salvo por los músicos excelentes.






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